martes, 12 de abril de 2011

Capítulo 6: ¿Hay que seguir siempre la conciencia?

Seguimos con nuestros argumentos éticos para "animar" estos días. La pregunta que se plantea parece tener una solución sencilla: SI. Sin embargo, no será una respuesta completa si no se clarifica qué es la conciencia.

Os planteo que desarrolléis los argumentos por los que la sentencia puede conducir a error, por qué no es suficiente, por qué puede llevar a actuar injustamente. Tal vez a alguno este problema le resulte insólito ¿Acaso no hay que seguir la propia conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la "buena voluntad"? ¿Basta decir que tengo buena voluntad para acertar? ¿Es lo mismo que no me dejen actuar en conciencia a que me obliguen a actuar contra la propia conciencia? ¿Actuaba Hitler según su conciencia? La dificultad conduce a la solución: como siempre, al principio de solución, porque siguen quedando puertas abiertas.

10 comentarios:

María D. Castellanos Molina dijo...

SOBRE EL CAPÍTULO V: cuando actuamos por convicción, estamos haciendo algo en lo que realmente creemos o queremos, y además pensamos que es lo bueno para nosotros mismos. Sin embargo en muchas ocasiones debemos ceder y hacer cosas que realmente no sentimos como propias, pero que posiblemente tenga una buena consecuencia para los demás. Los niños, son pequeñas esponjas que aprenden de todo lo que ven, por lo que nosotros como educadores, debemos enseñarles lo justo y lo bueno para ellos como conjunto. Ya sabemos que en muchas ocasiones la justicia "no" es justa ( veanse casos como el de Marta del Castillo), pero nosotros en la medida de lo posible y aplicándolo al aula, tenemos que ejercer como jueces de nuestros pequeños alumnos y tratarles a todos en la medida de lo posible de la misma manera, y si hay que castigar, ser justos también con ellos.

Leticia Villalobos Titulada dijo...

Lo siento pero me ha sido imposible hacer el comentario del capitulo 5 en los tres días que ha estado abierto,sólo brevemente me gustaría concretar que si todo hombre viviese en persona el significado de justicia ,la vida seria muy distinta,todos tienen el derecho de saberse y de ser reconocidos por el resto, de ser ellos mismos,de ser personas,independientemente del grado o situación social.Para esto se necesita conocimiento y amor.Respecto a si el fin justifica los medios,podemos decir que depende de cada caso,aunque me inclino más por el no.Se ve muy bien con el ejemplo del texto,un médico amputa una pierna o extirpa un riñón para salvar al resto del hombre,muy bien pero con que medio,ese medico quiere lo mejor para él.Lo normal es que si,pero....Si ponemos el caso de que yo ayudo a la anciana a cruzar la calle con el fin de robarle el bolso, queda más claro aun.Que una acción sea buena simplemente depende de las circunstancias, a no ser que se entienda por bueno la omisión de lo malo.
¿Hay que seguir siempre la conciencia?¿es correcto siempre lo que nos sugiere nuestro "PEPITO GRILLO"? la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer, es algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente.Hablar de conciencia es hablar del hombre, es hablar de que no es un caso particular de algo general,sino que cada uno es ya como tal una totalidad,es ya lo universal.

Eva María Checa Cuena dijo...

me ha sido imposible comentar el capitulo 5 en los tres dias que ha estado abierto asique con vuestro permiso lo comento ahora.
El fin justifica los medios? Yo creo que no, siempre tienen que haber una ética en la manera de actuar para así actuar teniendo en cuenta las consecuencias de nuestros actos.
No hay ética alguna que prescinda absolutamente de las consecuencias de los actos.
La mayor parte de nuestros actos se fundan en un sopesar los efectos o los bienes que son afectados positiva o negativamente por las consecuencias de nuestros actos, sopesamos los logros y las perdidas y con lo que sacamos así actuamos luego.
Esta claro que no se puede juzgar un acto por si mismo, sino que hay que tratar de comprender cual es la convicción, la intención, la manera de hacer las cosas.
Con todo esto surge el utilitarismo, es un sistema ético que determina que una acción es buena simplemente calculando las consecuencias buenas y malas que resultarán de dicha acción. Si lo bueno supera a lo malo, entonces la acción es moral. En nuestra vida diaria usamos el utilitarismo de manera frecuente: en la fila para pagar en la caja buscamos la cola más corta para poder salir por la puerta más rápidamente. Tomamos la mayoría de nuestras decisiones financieras según un cálculo utilitario de costos y beneficios. Así que tomar decisiones morales usando el utilitarismo parece una costumbre diaria.

Eva María Checa Cuena dijo...

parte 2:
Pero con el utilitarismo surge un problema: "el fin justifica los medios". Pero todos sabemos que el fin no justifica los medios. Si fuera así, entonces Hitler podría justificar el Holocausto porque el fin era purificar la raza humana. Stalin podría justificar la matanza de millones de personas porque estaba intentando lograr una utopía comunista. Como ya he dicho al principio, el fin nunca justifica los medios, una acción no puede ser juzgada como buena simplemente porque puede conducir a una buena consecuencia. Los medios deben ser juzgados por alguna norma objetiva y que no atente contra la moral. Como ejemplo de los problemas del utilitarismo se expone el experimento de Milgram, que como se indica en este texto, expone la decisión de varias personas de enviar descargas eléctricas simplemente porque esa era su meta en el experimento y eso constaba en las ordenes del investigador, simplemente el hecho de “hacer algo en beneficio de la ciencia, de un resultado de un experimento” no tiene que valer de excusa para llegar a “pulsar el botón de las descargas”.
que paseis buena semana chicas!!!

Eva María Checa Cuena dijo...

aqui dejo mi comentario sobre el capitulo 6, ¿ hay que seguir siempre la conciencia?
Qué es lo que realmente llamamos conciencia? Denominamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente, hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre.
Los hombres pueden saber la razón de lo que hacen, actúan libremente.
La conciencia permite al hombre hacer algo sabiendo el por qué lo hace.
Hacer esa acción puede tener dos consecuencias: hacer tal acción sin dañar a nadie o hacerla dañando a alguien. Así se desarrolla la buena conciencia o la mala conciencia.
Pero tambien cabe señalar que depende de cada uno y de sus valores el pensar que una conducta es buena o mala.
Con frecuencia hablamos de los distintos puntos de vista que entran en juego a la hora de llamar a una acción buena o mala. Nos preguntamos por lo que en realidad deseamos, intentando comprender el bien como la realización de ese deseo. Hablamos de valores, de consecuencia de los actos y de justicia, pero ¿la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer?
¿Tiene siempre razón? ¿Debemos seguirla siempre? ¿Hay que respetar siempre la conciencia de los demás? La conciencia no siempre lleva razón, nos marca una dirección pero se necesita de la reflexión de un conocimiento real para saber lo que es bueno y malo. Ya que como hemos dicho antes en mi opinión tener o no buena conciencia depende de los ideales y creencia que tengas, ya que para una persona una determinada accion puede resultarle como mala y para otra no.

MARIA D. CASTELLANOS MOLINA dijo...

En la frase del capítulo VI " ciertamente es injusto actuar así, pero para mí es preferible", yo haría una matización de la conciencia, de mí conciencia. Aquí se está diciendo que somos conscientes de que la acción es injusta pero para nosotros es beneficiosa. Al decir que somos conscientes, queremos decir que realmente sabemos que no es justo, que no es bueno; pero a su vez también sabemos que esto va a ser bueno para nosotros. Aquí la conciencia tiene un doble papel a mi parecer : o te queda mala conciencia por lo hecho o te quedas indiferente, por lo que tu conciencia se quedará exactamente igual, ni se inmutará aunque sabes de sobra que has obrado mal. Voy a poner un ejemplo real para explicarme mejor: yo me quiero apuntar a un curso ( de lo que sea) y se qué día se abre el plazo de inscripción. También se que hay plazas limitadas y que son por riguroso orden de llegada el día de inscripción. Hay amigos que también están muy interesados y me piden que les informe en cuanto sepa algo, pero yo no les doy la información ( día de inscripción,etc) que tengo sobre el curso, porque así me quito competencia y tengo más posibilidades de que pueda ser aceptada. Aquí actuaría de forma injusta ( no comparto la información) y lo más normal, es que tenga una mala conciencia. Como dice en el texto : " al causar aun daño, al herir u ofender a otro, me daño inmediatamente a mí mismo". Mi conciencia me dice que no les de la información, porque es beneficioso para mí, pero el resultado de esto será la mala conciencia que me quedará de mis actos.

Yoli dijo...

Yolanda Navarro Alonso - Titulada


La pregunta plantea serios problemas. Desde luego que uno mismo debe seguir su propia conciencia y obrar acorde a ella. De hecho, algunos personajes históricos como Cicerón, llegan a afirmar "mi conciencia tiene para mi más peso que la opinión de todo el mundo".

Pero, ¿y si esa conciencia no estuviera bien formada? ¿Y si hubiera sido manipulada? ¿Y si nos engañáramos a nosotros mismos y movidos supuestamente por nuestra conciencia en verdad buscáramos nuestros bien relativo y egoísta?

Vemos que hay muchas dificultades para poder afirmar, sin miedo a equivocarnos, que siempre debemos seguir nuestra conciencia. Quizá sea un buen momento para mencionar aquí la relevancia de padres y profesores: siempre y cuando el ejemplo dado y la formación sea buena, correcta, basada en valores y virtudes, con la única intención de dar todo lo mejor al hijo/alumno como fin en sí mismo, entonces podríamos tener cierto grado de certeza en el obrar de su conciencia.

De todas formas habría que calibrar luego como ejerce cada persona concreta su libertad: con independencia de la formación, las decisiones de cada uno le pueden llevar muy lejos de lo aprendido, o caminar por el sendero que se le ha marcado como Bueno.

Vemos entonces que no podríamos afirmar la sentencia del enunciado sin analizar primero: la formación de la conciencia y la libertad de la persona.

Por otro lado, y prosiguiendo con nuestra argumentación, en el caso específico que se presenta de Hitler, deberíamos analizar los puntos señalados anteriormente, y cuál era el motivo que le llevó a obrar de esta forma.

¿Podríamos decir que obró en conciencia, y por lo tanto justamente? Sus actuaciones brutales, especialmente en lo referente a los campos de concentración, y su ideología que sigue arraigada en algunos grupos radicales, ha sido vista por unos cuantos como correcta. Pero la conciencia del mundo condena sus obras, atrocidades y crímenes contra la humanidad.

¿Quién tiene razón entonces? Podríamos preguntárnoslo. Pero no se trata de tener razón o no: se trata que dentro del hombre, como comentamos en anteriores publicaciones, existe grabada una ley natural por la que sabemos qué es bueno y qué malo. Y siempre la conciencia va a la par de esa ley.

Jamás un asesinato, un robo, una agresión, una calumnia... podrá ser interpretado como bueno hablando en términos absolutos. Quizá Hitler pensara que estaba haciendo un bien relativo a la humanidad, y muchos le siguieron por ello. Pero la vida no consiste en imponer lo que cada uno quiera creer.

Por nuestra libertad podemos pensar lo que queramos, pero la conciencia marca un límite en el obrar.

Concluimos la entrada con una cita: "Cuando remuerde la conciencia, por haber dejado de realizar una cosa buena, es señal de que el Señor quería que no la omitiéramos. Efectivamente. Además, ten por cierto que "podías" haberla hecho, con la gracia de Dios (San Josemaría Escrivá de Balaguer).

Eunice Janssen Hernández dijo...

En toda persona existe una esencia interior que le permite diferenciar entre el bien y el mal. En los niños podemos encontrar esta esencia pura a flor de piel. Esto les permite distinguir cuando un adulto no está siendo sincero con ellos o defender a ultranza la justicia frente a la injusticia.

Esta esencia tiene diferentes posibilidades de evolución dependiendo de los modelos que el niño vaya observando en los adultos que le rodean. La conciencia del individuo se va formando de este modo a lo largo de su existencia. Sin embargo, no es todo producto de la educación, aunque tampoco se trata de algo solamente innato, porque, como ya hemos comentado en blogs anteriores, el ser humano no actua de modo instintivo en prácticamente ningún momento.

Un individuo actua conforme a su conciencia cuando busca un equilibrio entre lo que es justo y bueno para sí mismo y para los demás. Cuando actúa con responsabilidad, anteponiendo la autocrítica y autoevaluación objetiva de los criterios propios a sus gustos o intereses momentáneos.

No hay conciencia sin una disposición a mejorar, a admitir que “sólo sé que no sé nada” y a intentar siempre tener una visión más amplia de las circunstancias para poder actuar de forma ecuánime.

Mª Nieves María-Tomé García-Titulados dijo...

La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer, es algo sagrado existente en todo hombre y que debería respetarse incondicionalmente, es la dignidad del hombre, que forma parte de nosotros mismos, cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya "lo universal". Otra cosa es que hagamos caso o no de lo que nos dicta en cada momento.

Es algo innato pero que se va formando con la educación que vamos recibiendo de nuestros padres desde que nacemos y de los profesores, aunque dependa mucho de la forma de ser de cada uno, por ello es fundamental que desde la niñez nuestra formación se base en núcleos de virtud como: autodominio-orden, trabajo-esfuerzo, generosidad-solidaridad, madurez-responsabilidad y religiosidad-piedad.

La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Al causar un daño, al herir u ofender a otro, me daño inmediatamente a mí mismo, es cuando se tiene una mala conciencia, cuando no estás a gusto contigo mismo, siendo uno de los peores estados en los que nos podemos encontrar. Es cuando hay señal de una culpa, de un comportamiento que se opone al propio ser y a la realidad. La revisión de esa actitud es el arrepentimiento, que considero fundamental porque todos nos equivocamos, lo importante es darnos cuenta y sobre todo sentirnos mal por ello, para poder actuar de otra forma en un futuro, formando nuestra propia conciencia y dándonos cuenta que no podemos apartarnos de ella.

El hecho de que con nuestra actuación se dañe a alguien, no tiene necesariamente que ser porque se haya actuado con una mala conciencia o sin ella. A veces actuar según nuestra conciencia, y siendo esta una actuación correcta, provoca daños en otros inevitablemente. Seguramente actuar de otra forma por no causar ese daño, es actuar cínicamente, “nunca llueve a gusto de todos” y no por ello significa que no debamos seguir nuestra conciencia sino todo lo contrario.

Por otro lado es muy importante la voluntad, pues es la que nos hace tener el impulso para seguir nuestra conciencia, a veces sin voluntad es más fácil alejarnos de ella que seguir lo que nos dicta. Por eso es más fácil actuar erróneamente cuando no se sigue la conciencia.

Cuando notamos lo que se dice coloquialmente un “cargo de conciencia” es que no has actuado como debías, no se trata de imponer las razones de uno sobre las de otro, de creer que uno tiene mejores razones que los demás, la conciencia es actuar correctamente, y eso es universal para cada uno.

Contestando brevemente a la última pregunta, por supuesto que Hitler actuó sin conciencia, carecía de ella totalmente, actuó según sus despreciables intereses.

DESAMPARADOS LILLO - TITULADA dijo...

Creo que como es obvio siempre se debe seguir la propia conciencia. La conciencia es aquello que nos indica el buen o el mal camino, pero no debemos olvidar que la conciencia se fundamenta en unas convicciones propias, ya sean por educación, tradición o porque lo hemos observado en los demás y por tanto, por el mismo hecho que las hace propias y subjetivas, no tienen por qué ser correctas.
La conciencia puede estar bien o mal educada, y ello no nos quita la responsabilidad de nuestros acto, si hacemos algo creyendo que era lo mejor y luego resulta que no lo es, no basta con decir, "yo creí que...".

Por tanto hay que saber educar la conciencia y educarla, valga la redundancia, a conciencia, porque de ella van a depender nuestros actos a lo largo de toda la vida. PAra poder educarla debemos estar abiertos al resto del mundo, aprender y entender las razones que llevan a otras personas a hacer unas cosas y no otras, y con ello valorar todas las posibles actuaciones en cualquier situación, hacer un criterio propio y asimilarlo. Como he dicho antes, no siempre acertaremos, pero cuanta más capacidad de observar y aprender tengamos, más podremos educar nuestra conciencia, también los errores propios sirven para aprender y saber que si algo que hiciste a conciencia lo hiciste mal, debes cambiarlo para que la próxima vez tu conciencia te guie por el mejor camino.
En resumen, creo que la respuesta a la pregunta es que ´sí se debe seguir siempre la propia conciencia, pero también debemos estar dispuestos a modificar las convicciones propias que la sustentan cuando tras hacerle caso nos hayamos equivocado.