El capítulo que nos ocupa, subraya una de las máximas éticas por excelencia, de suerte que su aniquilación borra, creo, todo discurso ético. Sin embargo, es uno de los juicios más discutidos en nuestro entorno: podréis reconocerlo también a través del texto de Spaemann.
El marco conceptual es la dualidad que plantea Weber entre "ética de la convicción" y "ética de la responsabilidad". Analizar los argumentos de cada una de las posturas y ver dónde están sus límites será interesante. Quisiera que, en la medida de lo posible analizárais vuestros propios puntos de vista para "someter nuestros intereses, nuestros valores, a una medida externa a cada uno, objetiva". Es parte del interés de la asignatura.
El discurso intenta aproximarse aún más a "qué sea actuar bien", o "qué es lo bueno". De nuevo veremos que no es cuestión fácil, aunque se va acercando a algo claro: si no es fácil decir que algo -un acto concreto- se siempre bueno en cualquier circunstancia, sí podemos decir que hay actos que JAMÁS han de realizarse, bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia. Esto, creo, comienza a clarificarse un poco más.
Un cordial saludo.
3 comentarios:
En el capitulo anterior Spaemann planteaba la diferencia entre la igualdad aritmética y la igualdad proporcional a la hora de impartir justicia. En este capítulo nos plantea una reflexión sobre las consecuencias de nuestros actos. ¿Cuál debe ser nuestra forma de actuar?
Podemos actuar guiados por la ética de la responsabilidad, aduciendo que nuestra meta pretende el bien y que las consecuencias negativas de nuestros actos hasta la consecución de dicho fin son meramente "daños colaterales". O podemos guiarnos por la ética de la convicción y defender nuestros principios a ultranza, aunque no lleguemos de este modo a conseguir la meta pretendida.
Ambas actitudes conllevan a una actuación extrema. En nuestro trabajo diario debemos buscar el equilibrio entre ambas formas de plantear las situaciones que se nos presentan. Siempre debemos tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos y, sin caer en el utilitarismo, debemos orientar nuestras acciones hacia el beneficio global de nuestros alumnos.
Estoy muy de acuerdo con el comentario de Eunice. Actuar con justicia muchas veces choca con las posibles consecuencias de dichos actos. Ants de actuar deberíamos pensar en los efectos que tendrán nuestros actos y ver si estos son positivos o negativos. Muchas veces nos engañamos pensando que el fin justifica los medios, porque al fin y al cabo lo hacemos por un fin bueno, a esto Spaemann le llama responsabilidad. Sin embargo, si creemos que podemos causar efectos negativos y por ello dejamos de hacer algo, estaremos actuando por convicción.
Ante todo y para saber sopesar si nuestos actos o sus consecuencias son buenas o malas, debemos tener en cuenta que no hay modos de proceder buenos o malos en sí mismos, salvo que entendamos por bueno la omisión de un mal acto. Lo que hace buena o mala la acción serán las circunstancias que la rodean salvo en un caso, aquel en el que con nuestra acción privemos a un hombre de su caracter de persona. En este caso, las consecuencias de dejar de actuar no serían pues responsabilidad nuestra.
En primer lugar tenemos que ser coherentes y equilibrados en nuestros actos ante los alumnos, en definitiva ser justos, y que nuestras prohibiciones sean igualmente basadas en la enseñanza, han de ser razonables.
No se trata simplemente de orientar nuestros actos según el conjunto de sus consecuencias, sino que debemos pensar más a menudo en las consecuencias de nuestros actos, de esta forma evitaríamos causarnos daño unos a otros. Sobre todo en el campo de la educación en el que nuestros actos tendrán consecuencias en las personas que tratamos de formar, y no podemos permitirnos nunca que esas consecuencias sean negativas.
Por lo que estoy completamente de acuerdo con la opinión de mi compañera Eunice en cuanto a que en nuestro trabajo diario debemos buscar el equilibrio entre ambas formas de plantear las situaciones que se nos presentan. Siempre debemos tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos sin caer en el utilitarismo.
La cuestión que se me plantea es que no tenemos la capacidad suficiente para controlar todas las consecuencias, para preverlas, por ello una buena formación nos ayudará a tener un mayor control, a ver más allá de nuestros actos.
Nuestros actos están bien o están mal, el hecho de tratar de comprender cual es la convicción, la intención del agente, la manera y el fin de la historia, tener todo ello en cuenta, y absolverle, de acuerdo con esa convicción, no es más que tratar de justificar los malos actos, pero no por ello lo vamos a convertir en bueno.
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