viernes, 1 de abril de 2011

Capítulo 4 LA JUSTICIA

Disculpad el retraso en la publicación de este post... espero que todos hayáis podido ir leyendo el texto y haciendo vuestros comentarios en word.

se inicia de modo "provocativo": "hablar de valoraciones de la realidad es un problema".
1. Porque dificulta el diálogo
2. Porque es dogmático
3. Porque, al fin y al cabo, es una cuestión de palabras.
Cada una de estas objeciones tiene argumentos que conducen a considerar que sólo si hablamos de "valoraciones de la realidad", podemos hablar, podemos aprender, podemos significar. Al fin y al cabo, buscamos "hacer justicia a la realidad"... ahora bien, la realidad primaria a la que debemos hacer justicia es "la realidad de los demás hombres". Pues bien: llamamos justicia a la disposición a someter nuestras actuaciones a esa norma: la realidad de los demás hombres.
Interesante, ¿no?

Entiendo que el resto del capítulo intenta sacar a la luz cómo se ha intentado "hacer justicia" y qué objeciones pueden hacerse a cada uno de los intentos. Como siempre, con afán de dar un paso más en la dilucidación de "qué es lo que realmente queremos", "qué es lo bueno".

7 comentarios:

Eunice Janssen Hernández dijo...

Justicia significa imparcialidad. Pero la persona sólo clama justicia cuando se encuentra en una situación de inferioridad. El que se siente en una situación de superioridad debe hacer uso entonces de su conciencia para poder aplicar dicha imparcialidad.

¿Como aplicamos todo esto a la educación?

Actuando nosotros mismos de un modo ecuánime e imparcial ante las situaciones cotidianas que se nos presentan en nuestro trabajo. De este modo nuestros alumnos aprenden por imitación.

MARIA D. CASTELLANOS MOLINA dijo...

Una vez más, yo haría una asociación de palabras, en este caso sería justicia-verdad. Creo que las dos palabras tienen un significado que hace que se complementen la una a la otra. La justicia no sería realmente justa si no hay verdad, puesto que si la verdad no existiera no se haría realmente justicia, nada sería entonces realmente justo. Como bien dice Eunice, en la educación debemos ser imparciales y educar a nuestros alumnos con imparcialidad y justicia, tratando a todos por igual y manejando las situaciones cotidianas con naturalidad. En los pequeños enfrentamientos que pueden tener los niños entre ellos, debemos usar esa imparcialidad y ser justos con ellos. Siempre debemos tener presente la verdad y abrirles los ojos ante ella para que la tengan también presente y les convirtamos en unos futuros "hombrecitos y mujercitas" bien formados como personas el día de mañana. DELI

Eva María Checa Cuena dijo...

Este capitulo me ha parecido bastante complejo, lo que he entendido es que el hombre no puede actuar movido por la pasión ya que así no se actúa siguiendo unos valores sino por su propio egoísmo y conveniencia.
La pasión es buena en cierto modo, ya que nos descubre los valores pero no nos hace ver una jerarquía sino en cambio vemos una conveniencia. Esta es la razón por la que no podemos guiarnos por la ira.
La ira puede estar justificada y ser necesaria pero no nos enseña lo que hay que hacer, nos seduce para una nueva injusticia: la compasión.
La compasión nos hace ver el sufrimiento ajeno pero no nos enseña lo que hay que hacer.
La educación debe hacer al hombre capaz de librarse de hacer lo que quiera ya que debe aprender a conducir su vida más que dejarse llevar.
La justicia es una virtud, una actitud del hombre, hay que tener en cuenta que cuando mi acción repercute en otro no basta con justificarla por mis propios intereses, sino por saber que intereses son los más importantes: esto se llama ser justo.
Pero... ¿Quien puede decir cuales son los intereses mas acertados?

Desamparados Lillo dijo...

estoy de acuerdo con Eunice, creo que el que realmente practica la virtud de la justicia es aquel que en cualquier situación sabe ser imparcial y dar a cada cual loo suyo. cuando tenemos las de perder, todos pedimosjusticia, pero realmente hay poca gente que sea justa en toda situación. PARa ser justo se ebe ser imparcial y conocer la verdad, si no se conoce la verdad, no se puede ser justo porque no se conoce la situación ante la que estamos y nuestra sentencia no será la correcta.
Me parece compleja la idea de que toda acción nuestra repercute de un modo u otro en los demás, debemos valorar si nuestras acciones son o no justas para con el resto de personas, donde acaban nuestros intereses y comienzan los del resto.

Mª Nieves María-Tomé García-TITULADOS dijo...

Considero que es muy importante que las personas aprendan a conducir su vida, mas que a dejarse llevar. De esta manera sabrán qué es lo que realmente quieren.
La justicia no se basa en la abundancia, sino en la equidad, no hay nada más injusto que la igualdad llevada al extremo, no se puede tratar igual a todas las personas, sino que lo que se debe valorar son las situaciones, las circunstancias, y a situaciones desiguales habrá que adoptar medidas distintas. No sería justo exigir a todos los niños un rendimiento por igual en clase, sino que habrá que analizar las circunstancias de cada uno que serán las que equilibren un trato justo y por igual en conjunto, puesto que ningún niño parte desde el mismo punto y unos necesitarán más atención que otros.
Para que exista justicia no se puede imponer una postura sin más, sino que cada parte debe fundamentarla. La disputa es, incluso, un medio esencial para el hallazgo de lo justo.
El criterio del mas fuerte o el criterio de “porque lo digo yo”, no llevan por sí mismos a la justicia, una cosa es que los más fuertes tengan el poder y otra muy distinta es que por ello tengan la justicia. Cuanto más razonado y probado sea, mayor justicia habrá.
Lo difícil es que exista imparcialidad puesto que las personas nunca podrán ser totalmente imparciales, ya que para emitir cualquier juicio estaremos condicionados por nuestras propias vivencias, nuestras experiencias nos harán tener puntos de vista distintos que si no las hubiéramos tenido, por eso, las personas que imparten justicia dudo que lleguen a ser total y absolutamente imparciales, por ejemplo, un juez que haya vivido en primera persona un divorcio, inevitablemente su experiencia influirá de manera inconsciente (o no, en algunos casos) en la sentencia que dicte cuando esté enjuiciando un caso parecido.

Leticia Villalobos Titulada dijo...

Después de leer esté capitulo y los distintos comentarios de mis compañeras,también destacaría la idea de hacer justicia a la realidad,objetivar los intereses formandolos mediante el contenido valioso de la realidad.Educar a un niño , en nuestro caso especialmente,con sus cualidades y características particulares significa hacerle ver que es capaz de librarse de la sensación del momento,capaz de hacer lo que quiera,debe aprender a conducir su vida más que ha dejarse llevar,concretando esto en la edad infantil podemos decir que lo aprenderá por imitación,llegara ha imitar todo lo que tenga delante.
Debemos hacernos comprensibles por los demás.La mayoría de las veces convendrá la imparcialidad,ya que no siempre conoceremos la realidad de las cosas al 100%,como afirma Sampa, para ser justos hay que conocer la verdad, y muchas veces observar, antes de decretar la "sentencia".

Yoli dijo...

Yolanda Navarro Alonso

La justicia es un abstracto concepto que en nuestros tiempo ha sido alterado por unos y otros en el propio beneficio. Su bien relativo, el de ellos, ha sido impuesto progresivamente con el uso además de "la justicia". <> dicen muchos, a lo que es únicamente bueno para ellos.

Identificada con el poder humano que hemos otorgado a algunas personas, la justicia va mucho más allá. Un juez, por su labor, aplica la justicia. Pero como todo poder humano su posibilidad de error es grande.

Olvidándonos de aquellos encargados de hacerla cumplir, solemos entender a un nivel coloquial que la justicia es dar a cada uno lo que merece. El problema es que "cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón" (Santiago Rusiñol i Prats).

Nos escudamos en el sentido de la justicia para tomar todo aquello que deseamos: si queremos ahora poder abortar, lo hacemos porque es justo que yo haga con mi cuerpo lo que quiera; si quiero agredir a mis profesores, lo hago porque es justo, porque se lo merecía, por suspenderme siempre; si quiero robar, lo hago porque es justo, porque ¿acaso no me roban también a mí?

Pero no sólo en los tiempos modernos sucede, puesto que el mismo Jesucristo murió porque era justo que así fuera. Si la virtud personificada en su humanidad sufrió de injusticia, ¿qué podemos esperar los demás? "El que no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto", decía Séneca.

La justicia va más allá de nosotros mismo. Y como dijimos en anteriores publicaciones, el hombre busca ser feliz. Y no podrá hacerlo mientras que no viva con el principio de preocuparse más por la felicidad de los demás que la suya propia.

Según Ghandi, "ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria". Todas las virtudes pueden ser alcanzadas por nosotros cuando las proyectamos hacia los demás. Seremos justos cuando intentemos hacer justicia a los demás.