Lo más interesante es que Spaemann se plantea las cosas "en serio", por lo que si alguien piensa que el hedonismo es lo correcto, debería serlo "hasta las últimas consecuencias". Pero ¿es esto posible?El siguiente capítulo arranca con una pregunta clave: ¿qué es lo que de verdad y en el fondo queremos? Después de aproximarnos a los primeros intentos de respuesta, concluimos que "lo que deseamos es justamente la realidad".
Si no lo es, en tal caso, no es un buen criterio para decidir "qué es lo que verdaderamente queremos".
Pero bueno, os dejo a vosotros los argumentos y la discusión. Eso sí, sería estupendo ir sacando conclusiones a la luz de los argumentos del texto, intentando ir más allá de lo que se piensa habitualmente.
Partiendo también del hedonismo -ya se ve que da para mucho- es posible caer en al cuenta de que hay una "jerarquía" de "placeres"; también es patente que existe una "jerarquía" en el preferir.Os dejo con los, a mi juicio, seis puntos del capítulo. Espero que todos podáis participa.
Creo que las dos palabras clave son, precisamente esas: preferir -percepción del valor de la realidad- y jerarquía -condición de posibilidad del acto de elejir y de dialogar.
Un cordial saludo
8 comentarios:
El darnos cuenta de la inminencia de nuestra muerte nos da la fuerza para aprovechar al máximo nuestra vida. ¿Cómo lo hacemos? Podemos dejarnos llevar por el hedonismo puro en el que sólo buscamos el placer y la felicidad inmediata, superficial y egoista; o podemos intentar descubrir el gozo de la experiencia activa de la vida. El contenido valioso de la vida lo encontramos en la formación del sentido de los valores. No nos pueden explicar estos valores, debemos experimentarlos y practicarlos para poder reconocerlos y poder enseñar a nuestros alumnos a experimentarlos ellos mismos. Ayudándoles a entrar en contacto con su realidad externa, diferente al mundo ilusorio en que viven, les vamos enseñando poco a poco a tener intereses en los que involucrarse activamente y que pueden defender ante los demás.
Existen dos características de la persona que nos impiden reconocer la jerarquía de valores. En primer lugar la apatía. Si todo nos “resbala” no le podemos dar mayor o menor importacia a algo que esté bien o mal. Pasamos por la vida dejando que las circunstancias nos manejen sin ser actores de nuestra existencia. En segundo lugar la ceguera de la pasión. Si cada situación que nos parece mala o buena nos absorbe de tal modo que nos identificamos plenamente con ella y no nos deja ver la realidad en su justa medida, viviremos en un altibajo de fogosidad subjetiva que no nos acerca a la meta de disfrutar plenamente de la realidad.
¿Que es lo que realmente queremos? Es una pregunta bastante difícil de contestar desde mi punto de vista, ¿cual es el último fin de nuestras tendencias? Esta claro que queremos el placer y evitar el dolor, pero no siempre buscando una satisfacción, es decir, el hedonismo, pienso que hay acciones básicas que si se podrían clasificar bajo el hedonismo como por ejemplo: tomarse las medicinas para ponerse bueno o hacer dieta con la satisfacción de tener mejor salud, mejor aspecto...pero no todas nuestras acciones se guian por el hedonismo, ya que clasificamos al hedonismo como : si tengo que hacer algo que es bueno para mi eso debe ser un motivo de mi actuación, y debo encontrar una satisfacción.
Hay acciones que no están guiadas por el hedonismo y como ejemplo esta el altruismo, el voluntariado, las personas que hacen bien solo porque si sin esperar nada a cambio no se mueven por encontrar una satisfacción personal.
De fondo, ¿qué es lo que queremos?,¿qué buscamos para nosotros mismos?, ¿cuál es el fin último de nuestras tendencias?...estás preguntas tienen un sentido claro en cada uno de nosotros: Buscar el placer y evitar el dolor,el hedonismo.Los dos ejemplos que se han expuesto me parecen perfectos para demostrar que en el fondo todos preferimos lo que tenemos,un cambio siempre trae cosas buenas y cosas malas, por lo tanto me quedo con lo que tengo, por otro lado quien se acostumbra a la satisfacción de múltiples y variadas necesidades,no logra a la larga más placer,cosa que tampoco da el tener y tener,cuando vas al supermercado a comprar yogures simplemente,tienes mil combinaciones de colores,sabores,texturas...y la elección de uno de ellos no nos da la felicidad que en el fondo presentan,el mejor yogur para ti.
El hedonismo que afirma que lo propiamente y en el fondo lo que deseamos es el placer,el bienestar generalmente queremos algo más: mantenernos en el ser,quedarnos con la realidad,apoyarnos con nuestra realidad.Quizá esté equivocada pero si queremos lo que tenemos,si nos queremos como somos muchos problemas,que posiblemente eran un mundo se hagan más pequeños o simplemente desaparezcan.
Los que queremos dedicarnos a la educación infantil,tenemos un papel fundamental desde el punto de vista de educar en valores,porque me parece que básicamente lo que le pasa a la actual sociedad es que presenta un crisis de valores que dan muchas carencias en el día a día.
Lo que verdaderamente queremos es nuestro propio placer, pero siempre dependiendo de cada uno. Creo que cada persona tiene establecidas unas jerarquías en su vida, unas metas que se quieren conseguir, y que dan lugar a ese placer al que todos queremos llegar. Sin embargo, cada persona es un mundo y los distintos placeres que tenemos pueden ser muy parecidos entre sí. Por ejemplo, a título personal, a mí lo que me produce mucho placer y que en mi escala de valores es lo más importante, es mi familia. El tiempo que paso con mi marido y mi hijo es un tiempo precioso para mí y está en lo más alto de mi escala de valores. Sin embargo, para llegar a este placer, debo hacer sacrificios para poder trabajar por las mañanas, levantándome a las 4 o 5 de la madrugada dependiendo del destino de mi viaje, para poder así llegar aunque sea a media tarde de vuelta a Madrid. También valoro muchísimo más los fines de semana porque al no haber guardería y no trabajar mi marido ,podemos estar juntos todo el día. Sin embargo, otros compañeros míos valoran más y encuentran más placer en librar fines de semana porque así pueden salir los sábados por la noche de juerga. Es por esto por lo que el hedonismo, el conseguir esos placeres, sea algo muy muy importante en la vida de cada individuo.
Hablando de lo que de verdad y en el fondo queremos, creo que al principio se puede sacar la conclusión de que somos egoistas al querer algo. Sin embargo, con la afirmación de que lo que realmente queremos es justamente la realidad, nos debemos dar cuenta de que quizás queremos conseguir un bien común a varias personas implicadas. Es por todo esto por lo que quizás el hedonismo ( como bien ha dicho la compañera Eva ) no nos guía en nuestra totalidad.
Como futuros educadores infantiles debemos intentar que esas " personitas" que vamos a tener en clase, establezcan sus prioridades en cuanto a lo que quieren en la vida y nosotros, como se dice en el texto, debemos guiarles para que lo consigan, no dárselo directamente. DELI
Creo que es obvio que el hedonismo cae por su propio peso, es evidente que el placer no lleva a ningun lado a largo plazo, si no solo hay que ver a esa gente que tiene todo lo que (se supone) cualquier persona podría desear...por ejemplo un millonario, si éste basa su vida en el dinero y su fin último es el dinero, una vez lo tiene todo que espera de la vida? Por tanto, creo que como se dice muchas veces lo que esperamos de la vida es vivirla a gusto, sin penurias, con esfuerzo para lograr los objetivos más tempranos pero con tranquilidad de cara al futuro, en definitiva estabilidad.
Sin embargo, no podemos definir la estabilidad como algo general para todos, para unos su estabilidad consiste en una familia, un trabajo fijo y dinero justo para pagar las facturas y dar lo necesario a sus hijos, para otros es, tener un trabajo que le permita viajar, una vida sin tanta atadura como unos hijos, hay quien quiere una pareja estable, hay quien prefiere la soltería... la estabilidad para cada persona a mi punto de vista, depende de su forma de ser y caracter. Por eso creo que no se puede generalizar ya que cada uno debe decidir y por ello lo veo tan dificil, que es lo que espera de la vida.
SEa lo que sea lo que buscamos o esperamos de la vida, está claro que el placer instantaneo que es en gran parte en lo que se centra el hedonismo no lleva a ninguna parte, tener todo lo que nos apetece al instante y solo aquello que nos apetece, no puede llevar a nada bueno, la voluntad y el esfuerzo es parte importante de la vida de todo ser humano y el placer proporcionado por aquello que se consigue con esfuerzo y dedicación es mil veces mayor que si lo obtuvieramos con un chasquido de dedos y sin embargo en un primer momento se podría pensar que noes así por el trabajo que conlleva.
Como se dice en el texto, si la vida fuera eterna, todo perdería su valor, cada momento dejaría de ser único. Creo que del mismo modo, una vida basada en el hedonismo pierde su sentido, si buscamos el placer por el placer sin aceptar la parte dificil de la vida, la satisfaccion de lo placentero pierde su sentido y las cosas dejan de satisfacernos...por lo tanto llegamos a un sin sentido
Existe una gran apatía que impide reflexionar sobre la jerarquía de valores, importa menos lo que está bien y lo que está mal. Esta apatía está ocasionando que muchos valores se vayan perdiendo en perjuicio de nosotros mismos. No se sabe lo que realmente se quiere. Por eso tanto los padres como los profesores, tienen la tarea fundamental de enseñar a tener intereses, a interesarse por algo, al conocimiento de los valores de la realidad.
El deseo fundamental del ser humano es que haya algo más después de la muerte. Sentirrnos a gusto, lograr el placer y evitar el dolor, evidentemente son deseos que persigue toda persona.
Incluso las personas que hacen el bien sin esperar nada a cambio, en realidad ¿lo hacen por los demás o porque realizar estas acciones les producen placer, bienestar a sí mismos?
Lo importante es la forma en que cada uno intenta lograr el placer y evitar el dolor.
En cuanto a que en una vida sin fin nada sería valioso, es muy relativo pues hay cosas que tienen valor por sí mismas, en el momento en que están ocurriendo y que por más años que viviéramos, incluso si viviéramos eternamente, tendría valor con independencia del tiempo, podrían ocurrir o no, por tanto lo importante es la calidad con la que se vive, y si es eternamente, mejor, que la vida sea valiosa o no depende de la calidad en todos los aspectos.
Toda felicidad que no se apoya en la realidad, acabará por desaparecer drásticamente, creando un mayor impacto y por tanto causando un mayor daño en la persona.
Dentro de algunos relatos griegos, aquellos personajes arrojados y valientes que luchan contra los dioses del Olimpo, lanzaban discursos a las multitudes diciéndoles que los dioses les envidiaban. ¿Por qué? Porque el que nuestra vida pueda acabar en cualquier instante hace de cada momento único e intenso. Algo que ellos en su inmensidad y eternidad jamás podrían vivir.
El hombre que desaprovecha el tiempo quizá este cometiendo el peor error de su vida, pues muy cierto es que esta vida breve y corta está destinada a vivirse con intensidad.
Pero, cuidado, porque esto no siempre significa vivir dando rienda suelta a los placeres. Los romanos lo intentaron, llevándolo casi hasta sus últimas consecuencias, y el fruto marchito de incendios, orgías y matanzas sólo dejó sabor a decadencia y corrupción en el corazón de aquellos hombres.
Determinar qué es lo que queremos realmente no es tarea fácil. De hecho, pasamos casi la mitad de nuestra vida buscando qué es efectivamente lo que queremos, y la otra media procurando conseguirlo.
Concretar esta búsqueda en cosas materiales o en las pasiones concupiscibles, es reducir al hombre a la nada, a un ser que involuciona y regresa a su estado de ameba originario.
El sentido de la vida lo encuentra el hombre tras años de caminar y trastabillarse, de equivocarse y de probar, de pararse y pensar. Para esos años de juventud, adolescencia y primeros pasos en el mundo adulto, la presencia de nuestros mayores se vuelve fundamental: alguien debe ser quien nos oriente, no vaya a ser que en el camino nos perdamos.
Pero en el momento en que el hombre a formado su criterio, debe buscar lo que es bueno: una u otra profesión para su bien profesional, uno u otro estilo de vida para su bien personal. Esto es lo que normalmente los cristianos suelen llamar vocación o sentido de la vida.
La luz que ilumina nuestra alma, con pequeños faros que nos recuerdan que es el bien, nos irán conduciendo poco a poco y enseñándonos el camino a medida que sea andado. Pero el hombre debe estar dispuesto al sacrificio, al esfuerzo, a la lucha. Pues el bien nos empuja a luchar por él.
El mal es como una piedra pesada sobre los hombros y que está deseando caer y aplastar al hombre que la carga. De esta forma, seducidos por las pasiones, el hombre no avanza, ni camina, ni vive. Solamente se deja aplastar.
Diciendo esto podríamos pensar que el bien absoluto sólo supone mal relativo: no comerse todos los kilos de helado que me gustarían, o beber únicamente agua todo el tiempo. No.
El bien absoluto implica también bien relativo: el sacrificio de no comerse esos kilos de helados me producirá una satisfacción mayor cuando veamos que hemos adelgazado (y ya llega el verano).
El hombre desea ser feliz. Pero para conseguirlo, tendrá que olvidar su felicidad y hacer a los demás felices. Entonces será cuando uno mismo llegue a ser feliz.
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